Según la primera acepción de la Real Academia Española, la confianza es la “esperanza firme que se tiene de alguien o algo”, es decir la certeza de que ese alguien (líder) o algo (empresa) sea capaz de satisfacer mis necesidades  como empleado de una forma satisfactoria o al menos consecuente con los valores compartidos de la empresa.

Las buenas palabras o buenos gestos no son suficientes, hacen faltas hechos, evidencias. Es una carrera de fondo en la que cada metro, cada kilometro hay que demostrar que ambas partes están a la altura de lo que se demanda y lo que se ofrecen mutuamente. En esta carrera de fondo, la asertividad, empatía y escucha activa están presentes en todo el recorrido.

Una empresa en la que la confianza entre todas las personas que la forman sin importar responsabilidad o jerarquía, no campa a sus anchas, está abocada a perder gran parte de su valor diferencial en el mercado, su capital humano.

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